CUANDO LAS SONRISAS FELICES REEMPLAZAN AL DOLOR Y LAS CICATRICES.

  Por: Joselo Bolaños
 
Es sábado 24 de febrero. Anoche llovió un poco y la ciudad amaneció fría. Los autos trasladan a personas que desayunan de prisa movidas por infinitas preocupaciones que les mantienen vivas, imaginando giros interesantes para cambiar las rutinas.

La ciudad es una jauría, en donde cada familia lucha y sobrevive con sus particulares maneras. Hay aquellas   que   disponen   de   recursos   económicos   para   solventar   sus   gastos, vivir   con   cierta tranquilidad y otras que se debaten entre la incertidumbre, la desesperación, la falta de trabajo.

Familias   que   atraviesan   momentos difíciles cuando   miran a un hijo, una   hermana   que   quizá requieren atención especializada   o   una   operación quirúrgica, y sus   opciones   son   mínimas porque son de escasos recursos económicos.

AYUDA SOLIDARIA
En este escenario que a ratos parece ser intransitable, por la dureza de la vida, surgen proyectos e iniciativas que brindan un gran respiro, como la Fundación Rostros Felices, que durante más de 35 años   realiza   operaciones   gratuitas   a niños, niñas   y   adolescentes   con   labio   leporino,  paladar hendido, pos quemaduras, cicatrices y reconstrucción del pabellón auricular.

Una antigua casona ubicada en el barrio La Victoria, en donde funciona el Club Rotario Ibarra, se transformó en la esperanza para cientos de pacientes que llegan con sus padres y serán evaluados para futuras cirugías en el hospital San Vicente de Paul o los hospitales de Guayaquil.

A ellos no les preocupa madrugar y hacer largos e incómodos viajes, sino apoyar a sus hijos para que recuperen las sonrisas.  Aquí son recibidos por la calidez y solidaridad de mujeres y hombres voluntarios que les brindan información; les tratan como personas con dignidad, les respetan.

UNA VIDA DEDICADA AL SERVICIO SOCIAL
Llegan de varias provincias del país y también de Colombia para ser atendidos de forma gratuita por un equipo de 20 a 25 cirujanos plásticos, liderados por Jorge Palacios, quien ha viajado por   varios   países     realizando   esta   importante labor   de   medicina   humanitaria   beneficiando   a innumerables pacientes.

Palacios recuerda   sus   experiencias   en   Vietnam,   cuando   debía   realizar   intervenciones   quirúrgicas   a guerrilleros del Vietcong que peleaban contra los norteamericanos y entendió que la necesidad del ser humano no tiene fronteras, que no existen enemigos, “porque la vida es servicio, es una acción solidaria”, expresa emocionado y trae a colación una expresión de un viejo maestro “ mis manos  son del rico que las   paga  y   del   pobre  que   las  necesita,  porque no  puede   ser  que  solamente aquellas personas que tienen dinero puedan pagarse una operación”.

En el transcurso de estos años se han realizado aproximadamente 2800 cirugías, con una inversión aproximada de 6 millones 500 mil dólares, porque se debe considerar que no es solo una cirugía por cada paciente sino mínimo 3 y un máximo de 8 operaciones para dejarle al paciente listo para que pueda desarrollar sus actividades con tranquilidad.

 La reconstrucción del pabellón auricular de los pacientes se realiza en la ciudad de Guayaquil y
necesitan mínimo una semana para su recuperación y los chequeos respectivos para ver la  evolución de las cirugías.

INICIATIVA CON  APOYO
Desde la visión del prefecto de Imbabura, Pablo Jurado, es importante tener obras de vialidad, riego, producir en las tierras, pero siempre será prioritario pensar en el ser humano y destinar recursos para mejorar la calidad de vida de las familias con alianzas estratégicas, de trabajar unidos para mejorar los resultados.

A través del Patronato Provincial, la Prefectura se sumó a una nueva campaña que llegó a Ibarra a ofrecer atención sin ningún costo económico a pacientes que sufren este tipo de afecciones. La institución puso a la orden su equipo logístico y se encargó de facilitar la estadía del equipo médico en la ciudad. Un esfuerzo encaminado a facilitar que la programación pueda cumplirse conforme a lo trazado.

 Atrás   quedaron   los   tiempos   cuando   las   familias   con   un   hijo/hija   con   estas   malformaciones congénitas, considerando un castigo divino, los recluían para que el vecindario no se entere que tenían a alguien en esas condiciones. El mundo ha cambiado mucho y las políticas de Estado con las instituciones públicas tienen una nueva visión para integrarlos y que disfruten de sus derechos.

Las bondades de este proyecto con las atenciones quirúrgicas a la comunidad, hacen del Club
 Rotario no solo un club de amigos, sino una institución que vela por los intereses de la sociedad en una permanente búsqueda de recursos para cubrir las necesidades de la gente más desprotegida.

La ciudad retoma su ritmo habitual; las familias que llegaron a esta histórica casona son atendidas por el equipo médico entre sonrisas y llantos de los pequeños. Algunos padres descansan en el césped y miran con cierta tranquilidad jugar a los niños en los columpios. El optimismo parece inundar por un momento en este lugar.

  

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